Creo que todas las personas somos curiosas por naturaleza. ¿Somos cotillas por la misma razón? Creo que no: el cotilleo va más allá de la curiosidad, es una cualidad, por así decirlo, intrínsecamente social.
Muchos cotillas no saben que lo son. De hecho, consideran el cotilleo como una acción despreciable propia de gente de un nivel cultural bajo (más bajo que el suyo, se entiende), la misma que consume noticias "del corazón". (Por cierto, lo de "consumir" es literal: muchos están enterados del famoseo porque lo han visto en un "zapping" o porque lo han leído "en una revista
de ésas que suelen haber en la sala de espera del dentista"; pero no porque hayan visto voluntariamente un programa "del corazón" o hayan comprado una revista
de ésas; esto tiene que quedar muy claro.)
Evidentemente, el cotilleo del que hablo no se circunscribe a una especialidad
periodística. Para mí, la persona cotilla se distingue por tratar de fisgar continuamente en la vida del otro con la intención de propiciar en cualquier momento evaluaciones públicas sobre su conducta -la del fisgado-; pero sobre todas las cosas, se distingue -o se retrata- por sentirse incómodo cuando la vida del otro no es tan penetrable como pensaba. Cuando sucede esto, se diría que el cotilla ha sido derrotado, pero no es así, siempre le queda una última batalla que librar: hay que dar a conocer urgentemente que el sujeto pretendidamente fisgado no tienen ningún interés -¿cómo va a tenerlo?-.
En definitiva, el cotilla no respeta a nadie pero no lo puede reconocer, desvirtuaría la concepción que tiene de sí mismo: un ser con un carácter esencialmente extrovertido y benévolo. Pobrecito.
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